por ahí viene la cosa

– Ariadna M. Godreau-Aubert

Por ahí es que viene la cosa. A veces llega cargada de balas que terminan en la cabeza de un hombre que se quita la vida frente a la Fortaleza, luego de hacer varios disparos – sin atinar- a un gobernador que se perdió entre las cortinas. De la boca del policía sale la boca del hombre que antes de matarse le da las buenas noches como quien pide paso y cercanía: “la cosa no es contigo”. Cuando es así, la cosa termina con un hombre desesperado que cae, un acercamiento pictográfico al terrorismo de cajita y un gobernador que se esconde. Otras veces, la cosa viene como un regaño que es también castigo y respiro. Igual asume la forma de garrote que de palmadita en mano insolente. A propósito de esta forma en la que viene la cosa, en plena asamblea un hombre levanta la mano, pide un turno y otras se le suman. El turno no va pero habría que insistir en decir lo indecible aquí: siento que la cosa no es conmigo ni contigo, cuando debería serlo. Cuando es así, la cosa termina por cerrar la asamblea y recoger las sillas, purgar a la gran-familia-puertorriqueña, denunciar el acabose de la izquierda y ponerle una curita a la unidad. De la boca de las bocas se escucha: “la cosa no es contigo pero aquí nadie gana/que es lo de siempre/que en lugar de unir/ que hay que ser estratégica-decente-correcta-bien-portada-fugaz-audaz/que no es contigo pero tú sabes más que eso”.

Nos perdemos entre las cortinas también. Alguien dispara y no salimos al encuentro. Preferimos las buenas noches de los buenos modales a indagar sobre la crisis. ¿Qué/quién lleva a disparar?

¿Cuál es la vocación de quien convoca?

En la “asamblea de pueblo” del 25 de junio había un registro para la desobediencia civil, aplausos a alcaldesa, acrobacia sincronizada unionado-patrono, aplausos a alcaldesa, salsa, aplausos a alcaldesa, verdeluz, aplausos a alcaldesa.  Por eso de que por dónde viene la cosa también se contesta en función de quién la trae, había como tres mil personas. Había gente preocupada y rabiosa por la imposición de la Junta de Control Fiscal, compañeras de luchas y curiosas anónimas, realengas y solidarias. Había otros también. Estaban como quien no quiere la cosa pero queriéndola teniéndola. La fama y la escolta les precede.

Los discurso principales estuvieron a cargo del Congresista Luis Gutierrez y de la Concejal Melissa Mark Viverito. Ambos  candidatos se proclamaron en contra de la Junta. Apoyan a Hillary como presidenta de EEUU. Hillary apoya la Junta. Y así. Pero la cosa no es contigo. Con mi boquita de comer y mis patitas de fundraiser  digo que me decepciona mi partido demócrata y me doy tres golpes en el pecho.  El congresista y la concejal fueron abucheados, aunque no tan ampliamente como reseñaron algunos medios. La mayoría  aplaudió de pie al inicio y al final de los discursos, animados por la alcaldesa. ¡Grande!

Por si la falta de micrófonos abiertos dejaba duda, una organizadora anunció que esto era “informativo”.  Un compañero insistió en un turno pero no para él, sino para quien quisiera decir lo indecible. Luego vinieron otras. Después, muchas más. Y así fue la cosa.

Un orador tomó su turno para abandonarlo: no puedo participar donde otras y otros no participan. Hubo malestar desde la tarima y se cayó la transmisión. Se apresuraron “los procesos”. La organizadora retomó el micrófono y nos acusó de desunidas y mala imagen para los medios, si quieren ser escuchadas tienen que hacer silencio. Desde arriba, regañaba “unidad”. Desde abajo, respondíamos “democracia”. Alguien cantó una canción muy hermosa que me hizo llorar, porque mientras cantaba iban desmontando los micrófonos y se llevaban los instrumentos. Me alegró que pudo terminarla. Acabado todo, con un megáfono pequeño se dijo un poco de  lo indecible. Se habló sobre la mentira de la asamblea, sobre la imposibilidad de atajar el colonialismo de la Junta con antidemocracia  y junto a los responsables de la crisis. Se habló sobre la cosa en la calle, el trabajo de base de quienes construyen como hormigas una oposición a la Junta y sobre la voluntad de presente a partir de un “la gente antes que la deuda” y más. Ya la alcaldesa había mandado a cerrar las sillas. No nos importó. Hace rato que estamos de pie. Participando.

Un día después de la asamblea comencé un correo diciendo “espero que entiendas que no es contigo” y antes de arrepentirme lo envíe. Mentí. Quise decir “te admiro” y es cierto. Lo que pasa es que sí tiene que ver contigo. Y conmigo. Y con las demás. Si no, no será. Lo personal es político y lo político es personal. Lo demás es unidad y consenso.

A propósito de cómo [creo] que son las cosas, la asamblea fue una distracción. No digo  “destino manifiesto” o “vocación ineludible de quien va”. Tampoco “fuimos como borregos” y mucho menos “nos llamaron”. Molestábamos. Digo que nos esperaban o eso dijeron. La asamblea ocurre en años luz de precariedad, recortes, frustración, exilio: en días en que el colonialismo rompe y se rompe. El nombre no hace la cosa , pero a esa cosa se convocó capitalizando sobre otras luchas -huelga 2010 redux- reclamando el poder simbólico y político del llamado. La participación no es proceso: es espacio para debate desde quienes trabajan o quieren trabajar. Participar es reconocer a otras, sus diversidades. El poder gestor de la rabia – las rabias- es lucha también.

Mientras en la  asamblea se jugaba a la democracia, afuera se repartieron el botín.  En menos de una semana, la Legislatura corrió para [intentar] privatizar playas y escuelas, así como para colgar el acceso a la información. Tan rápido iban que casi les da(rá?) tiempo de celebrar a pandereta limpia cómo el fundamentalismo religioso se lleva lo que queda de la educación universal.

Por ahí va la cosa: la colonia es una trampa/ la junta es una trampa/ el consenso es una trampa/ la unidad es una trampa/ la cosa no es contigo es una trampa también. A veces, una hace como que se tropieza para sentirse en casa. aplausos. Otras veces, una brinca la tablita y sale a la calle – a la asamblea– a rabiar.

Al otro día del suicidio, un analista denunciaba como lo-terrible-en-todo-esto el que las ventanas de la casa del gobernador no fueran a prueba de balas. No dijo nada de las cortinas. O de lo que se escondía detrás de ellas, del hombre y su/nuestra crisis. Tampoco habló de la boca atada a la mano que dispara. Nos perdemos entre las cortinas también. Alguien dispara y no salimos al encuentro. Preferimos las buenas noches de los buenos modales. Alguien dispara y lo desangramos sin hablar. La cosa es no salir al encuentro. No sobrevivir. Y que sepas que no es contigo.  ¿Vale?

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Foto por Ariadna, a la salida de la asamblea. 

3 comentarios en “por ahí viene la cosa

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