enunciación y melodía

– Guillermo Rebollo-Gil

*Para Víctor

Intereso escribir sobre una canción/performance de Lizbeth Román. La canción se titula “Camino sola.” El performance tomó lugar el 1ro de julio en el Campamento contra la Junta en la Avenida Chardón. Intereso decir—a propósito del performance de Lizbeth esa noche—que no hay nada más combativo que su canción.

Y eso que esa noche también cantó Luis Díaz. Y eso que la canción, en parte, habla de quedarse en la casa con un gato y prender una vela. Y eso que la tumbacoco un poco distorsionaba su voz y la fragmentaba en chispitos de enunciación y melodía. Y eso que las canciones me tardan en gustar.

Será que la rabia, cuando uno la intuye compartida, gusta desde el inicio; desde ese momento en que un chin de enunciación y melodía llega a tus oídos y uno siente como si la voz de otra le hiciera eco al corazón propio. Hablo del corazón como el origen de aquello que la música de Lizbeth me hizo sentir en complicidad. Pero no tiene por qué ser el corazón. Con la coraza basta. Y qué bueno porque: “Me dio un ataque de ansiedad/ porque en esta isla tropical inyectan/ al corazón, por vacilar, veneno.”

Y veneración también. A la vacilación y al vacío de vivir como si todo fuera tropicaleo mientras, qué sé yo, un estudiante tuyo hace una lista de las cosas que faltan en el Campamento. Ese estudiante es mío. Siéntase la lectora en libertad de dibujar un corazón alrededor de la oración anterior. O mientras, qué se yo, un primo tuyo sale de un puesto de privilegio en el BGF loco de contento hacia sabe dios qué ciudad. Ese primo es mío también. Siéntase la lectora en libertad de copiar o grafitear o tatuarse las siguientes líneas de la canción de Lizbeth en protesta: “Hay que tenerle miedo a la sutil censura, a la doble vara,/ al te ayudo con migajas,/ al nepotismo moderado,/ al te lo empujo con estilo y te mantengo boquiatado.”

Mientras, yo me quedo en casa con mis perros, vacilando. Qué diga, vaciándome el veneno del cuerpo. Exhibit uno: como cuando—al decir de Juan Flores—the diáspora strikes back, pero es el imperio de veras, pues así.[1] Exhibit dos: la veneración. Exhibit tres: casi nada—cuando Cornel West te manda saludos desde el celu de tu papá y sucede que tu papá es hijo de un exgobernador de este país y en este país el gobierno del papá de tu papá representa en materia de ideología racial lo que, desde West, es el mismísimo Mal hecho política pública, pues eso. Exhibit cuatro: la vacilación.[2] Exhibit cinco: el vacío.

Más que un desfile de prueba, estos son algunos de los puntos para conectar si fuéramos a trazar nuestros cuerpos según boquiatados por el Poder a base de raza y colonialidad en la isla y en la diáspora hoy día. A saber: Lin-Manuel Miranda como heredero de la promesa (pun intended) de Francisco Matos Paoli; el PPD como brigada de emisarios del pensamiento profético de West en la colonia; Kenneth McClintock como intrépido defensor de nuestros derechos civiles ante el imperio. “Se lo llevan todo, Paula, se lo llevan todo” le dice Wiso a Paula Marte en Guaya Guaya. Y tiene razón. Cantemos pues  este otro chin de la canción de Lizbeth a manera de coraza: “Yo me quedo con mi gato y prendo velas en mi casa/ No te pase ‘ e’ loco que te ‘jalo’ por las patas.”

Siéntase la lectora en libertad de cuestionarme— al momento en que me escuche sumar mi voz a la suya en el coro—si yo heredo de mi primo o de mi estudiante, pues hay que tenerle miedo a la sutil censura, al te ayudo con migajas. Y proceda a tumbarme el coco de estimarlo necesario. Acabo de dibujar un corazón alrededor de la oración anterior. No vacilen.

La canción termina así: “Camino sola por la acera. Camino sola por la acera.” Y por supuesto que hay que leerla a la luz del camino que hacía Ivania sola en la noche allá para febrero 2015.  Como también conviene traer a la memoria las expresiones odiosas de la policía a propósito de una de las múltiples maneras en que una mujer puede morir a manos de otro en este país. Y, sin embargo, ahí están las compañeras acampando noche y día en la Chardón. Acorazadas. Boquisueltas. A prueba de todo.

Es impresionante todo lo que puede caber en una canción dependiendo de cómo y dónde tome lugar su performance. Podría decir que la canción es lo único que no se llevarán. Que, a lo menos, nos quedaremos con algunos chispitos de enunciación y melodía para recordar y recombinar y rehacernos en protesta. Pero es demasiado el veneno, me temo. Y me da mucha ansiedad.

Ahora bien, ¿a quién hay que jalarle las patas?

[1] Para un comentario, ver aquí: http://patternofthething.blogspot.co.uk/2016/07/when-diaspora-strikes-back-pero-es-el.html

[2] Para un comentario, ver aquí: http://patternofthething.blogspot.co.uk/2016/07/y-asi-alton-seviene-llamar-michael.html

sadmanifestante.jpg
Foto por Guillermo 

Un comentario en “enunciación y melodía

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