islitas como cualquiera

-Beatriz Llenín-Figueroa

Íbamos y veníamos por la superficie del mar. Así llegamos a cuantas partes lo hemos hecho. En la escala histórica (la humana), el movimiento inexorable y constante del planeta, sus especies y sus promontorios, es casi imperceptible. Procedemos así a confundir los lugares y las poblaciones: antes de nosotrxs, “lugares deshabitadxs;” después de nosotrxs, “lugares poblados.”

No sé si “poblar” con humanxs, en el sentido más básico y primigenio –es decir, antes de poseer–, fue una noticia buena o mala. Quizá fue ambas. No tiene sentido emitir juicio sobre el imperativo de todas las especies de vivir (= moverse), y de morir (= descansar). (Alguien que lleva poco tiempo viviendo en Puerto Rico me preguntó recientemente cómo estaba, a la manera en que tenemos esa manía de preguntar cómo se está y contestar, bien, o todo chévere, o cosas así, aunque estemos destrozadas. Al contestar que sufriendo por el país, o algo así, me riposta que sabe que hay crisis, pero que no lo nota en la gente por ahí. Que la vida sigue. Señala entonces a estudiantes caminando a nuestro lado [no a sí mismo]. No alcancé a decir todo esto, pero lo intenté: ¿han dejado de vivir las especies en la guerra, en la extrema pobreza, en las ocupaciones militares, en los campos de concentración, en las colonias de toda ralea?)

Lo que sí sé es que el territorio fue una mala noticia. Bueno, okei, exagero. El imperio del territorio/el imperio territorial/el territorio del imperio, lo fueron y lo son. (Entender el movimiento como colonización. Ambicionarlo todo. Pisotear, tragar, ahogar, lo que hubiera antes, lo que sea. Llegar a cualquier parte convencidas que lo mío es mejor, más aconsejable. Exclamaban los conquistadores, ¡esta gente no cultiva; construyamos plantaciones que acaben con la tierra y con sus cuerpos! Exclaman las corporaciones, ¡esta gente tiene hambre; fabriquemos y vendamos semillas que no puedan pagar y que acaben con el ciclo mismo de la vida!)

Poseer. Demarcar. Distinguir.

En una palabra, la tragedia fue pasar del archipiélago al territorio coloninacional. Hablo de archipiélago no tanto en el sentido conceptual, aunque a ese le tengo mucho cariño, sino en el de la topografía planetaria: bien vistas, todas las tierras son pedazos sólidos ínfimos, trasladándose y chocando y subiendo y bajando en el mar. En el Caribe, nos queda claro que el tránsito de archipiélago a territorio ha sido el resultado de siglos de imperialismo con interminables y muy complejos pelos y señales.

Poseer. Demarcar. Distinguir.

En nuestra región, esos verbos se manifiestan en y estructuran la materia con efectos tóxicos. Cuántas veces leí y escuché (leeré y escucharé): las diferencias entre las “islas caribeñas” en materia económica, política y social son abismales, infranqueables. Por eso cualquier esfuerzo de colaboración está abocado a fracasar. Y fracasar, por supuesto, es como ser chiquito: lo peor de lo peor. Muchas veces noté (notaré) asomarse una sonrisa complacida en la cara del pontífice, queriendo añadir sin decirlo, ¡y qué bueno que así sea! END OF DISCUSSION.

Pero también se manifiestan y estructuran en el símbolo, con iguales (o peores, por no reconocidas) consecuencias. Cuántas veces leí y escuché (leeré y escucharé): ser “islas pequeñas” es igual a carecer, padecer, eñangotar, ombliguecer y, ¡al mismo tiempo!, ser una belleza paradisíaca que lo hace mejor y tiene de todo para ofrecer al visitante. Que venga el mesías (quien –no olvido nunca– solo es “grande,” “continental,” porque lleva más de dos siglos territorializando a pura sangre, como todos los imperios) a salvarnos/poner orden/explotar la belleza con el permiso de nuestro cuerpo hospitalario.

En Puerto Rico, hablamos de “las islitas” en la tele para marcar el avance de un huracán que las destruye a ellas, pero a nosotros no (¡tan bendecidos! ¡qué bueno que así sea!). A las “islitas” vamos en barcos imperiales (se hacen llamar cruceros para la clase media y yates para los ricos y famosos) con el objetivo de hacernos trenzas en el pelo, vomitar sus esquinas de ebriedad, y regresar aún más convencidas de nuestra bendición (¡porque por allá SÍ que son pobres! ¡qué bueno que así sea!). Usamos “Isla” con i mayúscula como sinónimo de Puerto Rico, pues ¿qué son Vieques, Culebra, Mona, Desecheo y el resto de nuestra letanía de tierritas, si no “islitas”? Puerto Rico es territorio del imperio e imperio del territorio (¡qué bien aprendimos la lección!). Nos encanta sentirnos “isla grande,” y tener nuestros propios territorios en el patio de atrás, a los que poseer, demarcar, distinguir.

De nada de esto hablan muchxs que defienden la independencia política de Puerto Rico. Conmigo que no cuenten. No consentiré trocar un imperio del territorio por otro, por más pequeñito y aparentemente inofensivo “en la arena internacional” que sea este otro. Así de inofensiva parecería la isla de Inglaterra si no supiéramos un par de cositas…

Tampoco consentiré en darle free pass al imperio de turno desde 1898. ¿Ha escuchado a lxs independentistas defender como sine qua non de su objetivo político un plan de reparaciones (incluyendo, por supuesto, su manejo participativo y equitativo) que exigir a los Estados Unidos? ¿Le suena senil? Pues vea cuán territorializados estamos que ni nos enteramos que otras (ex)colonias caribeñas están luchando, solidariamente, por sus reparaciones. ¿Qué deuda? ¡Es a nosotrxs que nos deben! Y ojo, sabemos bien que las reparaciones, no importa la cantidad de dinero que se reclame, no compensarían la sangre y el cuerpo jamás.

Estamos en medio de una dura contienda por forjar otro imaginario social, otro horizonte de utopía. Tiene que ser del archipiélago. Tiene que volver a mirar proyectos de confederación pasados y actuales para aprender de ellos qué sí y qué no. Tiene que deshacerse de “la nación,” si eso equivale a otro imperio del territorio. Tiene que deshacerse de “la cultura puertorriqueña” si es marca de una exclusividad falsa e imperial. Tiene que deshacerse del péndulo mortal entre impotencia y prepotencia “naturales en una isla.” Tiene que volver al mar.

“Puerto Rico” es tan “islitas” como cualquiera, tan acribilladas como cualquiera, tan bellas como cualquiera, tan tesón y mezcla para seguir viviendo, insólitas, como cualquiera.

Desterritorializar.

Enlazar.

Liberar.

Fernando_noronha.jpg
De Wikkipedia. Archipiélago Fernando de Noronha en Brazil.

 

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