la ética del apocalipsis

-Ariadna M. Godreau-Aubert

La noche/madrugada en que ganaron Trump y Rosselló me dormí esperando coincidir con grupos radicales que no llegaron nunca. No salí a la calle hasta que dio el momento justo de tomar un avión hacia otra parte. Dos días más tarde, en Canadá, mi animalia temblaba de miedo, rabia y futilidad. Hacían un frío y un francés absoluto. Una quisiera andar la calle y que nadie la reconociera. No entender. Extraviársele al Caribe, la Isla, a la colonia. Soltarse.

Este escrito iba a llamarse “gracias por no pisar la grama”, pero no. El título que lleva lo tomé prestado de Black Wave. En la novela, Michelle Tea escribe sobre Michelle Tea. El mundo se está acabando. El alcoholismo y la adicción la están matando y ella se deja matar. Trabaja en una librería, ama terriblemente y de vez en cuando hace el amor sin quererlo pero como si quisiera. No tiene ningún animal. El mundo termina por acabarse. Terminé el libro de Michelle Tea en un avión en dirección de Montreal a San Juan. Cada vez que ando lo hago con miedo a extraviar la dirección correcta. Nunca tuve más certeza de no estar.

El 9 de noviembre es. Por vez número trece en los últimos tres días, me escondo en el baño y dejo correr la ducha. Busco en mis bookmarks el video donde niños “blancos” le gritan a niños “latinos” ¿”PoC”? “build-the-wall, build-the-wall,build-the-wall”. Los niños no-blancos lloran. El video dura menos de diez segundos que son demasiados pero no suficientes. No necesito saber qué pasa antes o qué pasó después. Los veo llorar una y otra vez. Lloro a la velocidad de lo que pienso podría hacer si estuviera junto a ellos, en otra parte. ¿Es con rabia que explico lo que nos lleva ahí? ¿Quién graba? Play. Repeat.

En Canadá, participamos de una conferencia. En uno de los paneles, Angela Davis y otras mujeres participantes de la lucha de derechos civiles reflexionaban sobre la era de Trump y el activismo. Estamos al comienzo del fascismo. Gente morirá. Son tiempos difíciles. Tendrá que ser con nuestros cuerpos. Hay que responder con rabia y organización. Hay que responder la pregunta de nuestra responsabilidad.  ¿Cuál es la promesa que ven otros y otras en Trump? ¿Cuál es la promesa que ven otros y otras en Rosselló? El fanatismo político no lo explica todo, como tampoco pueden hacerlo los votos de castigo o el balance delicado de la partidocracia. Pienso en aquí y allá. El primer acto de Rosselló será deshacernos. La cosa no es la Carta Circular, que es deficiente, que jamás fue implementada y que es más victoria pírrica que otra cosa. La cosa es el capital simbólico que se abroga quien dice “voy a eliminar la perspectiva de género” como si pudiera hacerlo. Y hacerlo. Pienso en Trump como el producto de un país fundacionalmente supremacista blanco, patriarcal, esclavista. Construirá la muralla. América será genial nuevamente. No lo permitiremos, decimos, pero para eso hay que contestarle a la promesa [a la PROMESA], a la responsabilidad. Natalia Díaz escribe “the reality is that most of us cannot be frozen in fear”. Le creo aunque hoy tenga miedo y frío, estando aquí.

Desde que comenzó Ahora la Turba –en julio- he publicado once columnas. Un mapa etnográfico revelaría con numeritos y puntos las coordenadas de mi tristeza, mi rabia, mi amor. Hambre 5/11, .454, Animales 3/11, .272, Madera 2/11, .181. Vivo fascinada por las historias de recuperación y todavía no cuento la mía. Si el mundo se acabara hoy, quisiera haberla escrito pero en un idioma distinto. Hago una anotación en un post it digital y la guardo. En esta columna me toca escribir mejor de cosas que ya he escrito antes.

Entre mis amistades de redes –y de la calle- tengo un grupo de censores del buen sentir y del sentir-real. El luto por la muerte de una amada no debe extenderse más de 1.7 semanas. Igual si se trata de una persona amada que llega. El fallecimiento de un cantante debe provocar justo 3.2 segundos de tristeza. Quizás un poco más si era relativamente famoso/viejo/sensacional. Una muralla, 4.12 minutos de satisfacción o de rabia dependiendo de si de lo que se trata es de que se derrumba o se levanta.  Si hay movimiento, no puede haber duda, y si hay duda 3 microsegundos es una vuelta atrás. El resultado eleccionario no debe merecer reacción, 0 tiempo, no te colonices tanto. Fracciones imposibles para medir la duración apropiada del miedo, la encerrona, del coraje. ¡Qué ganas de partirse!  La ética del apocalipsis acabará por matematizarnos. Un poco más allá y la incondicionalidad se vuelve un acto de traición. A question of climate: “I learned to be honest/the way I learned to swim/dropped into the inevitable” [1]

La historia de mi país es un inventario mítico sobre una guerra contra las puertorriqueñas que no terminará nunca. También es lo que quede de este blog, si persiste. Hoy alguien en algún lugar no persistirá, y sin embargo creamos peligrosamente: “writing, knowing in part that no matter how trivial your words may seem, someday, somewhere, someone may risk his or her life to read them.”[2] No te salves. O sálvate mejor y déjame leerte.

Al salir del panel, en el atrio central del Palais des Congrés, un grupo de mujeres indígenas tocaba tambores y cantaba. Hacían expresiones de solidaridad con la lucha de Dakota, por el derecho al agua, contra Trump. Le pidieron a quienes se acercaban que se quitaran sus abrigos y bultos, que los dejaran en el centro del círculo para tomarse de las manos. Nos unimos al círculo sin soltar nuestras cosas, por temor a perderlas o intercambiarlas o lo que sea peor. Bailamos unidas de manos.  Cientos de nosotras, dando vueltas alrededor de las mujeres indígenas, de la música, de todos los abrigos y de todas las carteras [menos las nuestras].  Al final nos abrazamos. Llevo tanto tiempo sin tomarle las manos a mis compañeras de lucha. Es otra cosa para hacer. Abro el post it digital y lo anoto. Hay algo ridículo en escribir “tomar de las manos a las compas”. Hay algo también urgente. Lo guardo.

Este viernes se celebra la primera reunión de la Junta de Control Fiscal en Puerto Rico. Digo la primera a sabiendas de que no debe serlo.  La Junta, en el Conquistador, el viernes antes de Acción de Gracias. Si tuviera un poco más de ritmo cantaría una milonga a la ironía, haciendo cri cri con mis patitas de cigarra. Ando entumecida pero ya se me pasa. Y si no, también.

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Palais des congrés en Montreal,  tomada del internet y manipulada

[1] Audre Lorde, A question of climate

[2] Edwidge Dandicat, Create Dangerously

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