el fin del mundo desde el fin del mundo

-Javier Román Nieves
La entrega de esta semana sorprende a Javier viajando a la Patagonia chilena y al Desierto de Atacama, por lo que a falta de teclado y dado el constante traslado, nos comparte un teaser de una crónica sobre sus primeros días en el Parque Nacional Torres del Paine. De paso se puede ver cómo crece un texto. La versión completa, con fotos adicionales, será compartida tras su regreso.
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Sospecho de quienes rompen las reglas porque sí. Desde que cerraron la puerta del avión corté mi conexión continua con el mundo virtual. De ratito en ratito encuentro WiFi, doy shares, reparto likes, contesto uno que otro mensaje, me excuso por no poder aceptar invitaciones durante mi ausencia. En esas voy viendo lo que temía volverse realidad: Trump lleva la delantera.
Lo sabía. Te lo dije. Pero coño. Abordo el vuelo overnight a Chile, así que dejo la cosa inconclusa al momento de desconectarme, pero le anuncio a varios pasajeros chilenos sobre lo que parecen ser las malas nuevas.
Todo es vergüenza ajena e incredulidad. Me imagino que fue así para todo el mundo. Contrario al 11 de septiembre, que pasó en el mismo momento para todo el mundo, acá la epifanía se fue dando a cuenta gotas y el momento varió para cada cuál. ¿Dónde estabas la noche que ganó Trump? Lo peor del caso es ir viendo cómo cada temor se va volviendonuna realidad. Pero bueno, la vida debe continuar.
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¿Qué carajo hace este jíbaro de Moca-Aguadilla-Rio Hondo aquí en medio de la nada? ¿En verdad ganó Trump? Me repito esas preguntas cada cierto tiempo durante mis cinco días de caminata en el Circuito W del Parque Nacional Torres del Paine, en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena. De muchas maneras esto estambién un retiro de silencio.
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Sabía que habría viento en este sendero, pero esto está cabrón. Viene con gotitas que te hincan la cara. Se acumulan en los lentes de los espejuelos. Ves mal. En muchos tramos es tan fuerte que te arrodilla. Si no fuera por los bastones de caminar esto sería imposible.
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¿Tú me estás jodiendo?, es lo primero que pienso cuando lo veo a lo lejos. Sabía que el Glaciar Grey era grande, pero no me imaginaba que fuera tan alto. ¡Es altísimo!, con hasta más de cien pies de altura, es como una isla blanca y congelada–es, literalmente–un campo de hielo. Es parte del Campo de hielo sur, que incluye al Perito Moreno y es la tercera extensión de hielo más grande del mundo.
Me imagino que ahora con Trump y los climate deniers esto se jodió. Por lo menos nos estamos jodiendo ya en las costas de Puerto Rico, eso sí. Cuánto de este paisaje acabará allá. Deslumbrados por el sol, nos acercamos demasiado a las costas. Poco a poco pagaremos el precio.
Desde lo lejos el Glaciar Grey Brilla aún con el poco sol que hay, entre las laderas por donde desaparece el camino en el horizonte y, lo más cabrón, es que se levanta bien por encima de este.
Mentira. Lo más cabrón es que el viento empeora en todos los puntos que abren a la cuenca del Lago Grey. Te deslumbra. Mientras estás detrás, no sopla mucho. A la que sales, te da un bofetón. Cuando ves el glaciar y tratas de quedarte mirándolo es peor todavía. Se parece a cuando uno abre el freezer o la nevera de noche y el frío te da un bofetón, pero de cuerpo entero. Quizá de regreso me de un empujoncito y me ayude a caminar, me digo. Después comprobé que nada que ver.
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Lo de Trump no me importa tanto ya. Iba a pasar lo que tenía que pasar. Lo de Ricky ni me pasa por la mente. Solo pienso en varias buenas amistades que trabajan en o para la administración. Algunos creían. Yo sabía, como todo el mundo.
Ahora mis preocupaciones son muy concretas, como las de cualquier hiker que lleva cinco días en el trail: cómo manejar el dolor de las rodillas y mantener el ritmo necesario para el último tramo.
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¿Qué carajo hace este jíbaro aquí? Me pregunto en la pendiente de las Torres del Paine mientras empieza a nevar y el viento me tira–por lo menos–hacia la montaña en vez de hacia el acantilado. Se ve muy linda cayendo, hasta que el viento la mueve casi horizontalmente y se te va acumulando encima. Ya no deja ver ni la montaña de enfrente, mucho menos el destino valle abajo. Una vez en el piso, se va derritiendo y mezclándose con la caca de caballo.
Los peos huelen más duro mientras caminas y neva. Igual los regalitos equinos. La visibilidad empeora. Todo empieza a volverse blancuzco. Imagino los peores escenarios si se sigue llenando de nieve el camino. Las veintipico libras de la mochila se multiplican sobre el dolor de las rodillas.
¿Qué carajo hago aquí? Se acorta mi pregunta. Necesito salir de esto lo antes posible pero sin resbalarme. Con calma aprieto el paso. Cuando nieva en las ciudades, la gente se queda encerrada en sus casas, si pueden. Tratan de no salir. Aquí no tengo de otra. Está nevando y estoy bajando por una montaña. Cosas que no deberías decirle a tu mamá que hiciste.
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Foto por Javier

 

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