convertir el amor en moneda de canje

-Roberto Thomas Ramírez

Ayer fue un día intenso. La guerra de clases manifestada en una burda actividad privada de los económicamente poderosos del país y de afuera, convocó a todos sus amigos en el gobierno para en privado decidir y reorganizar la repartición del país, y de nuestras vidas. Mientras tanto, un mar de gente a convocatoria de decenas de sindicatos y otras agrupaciones se conglomeraron a cientos de pies de distancia de la actividad que se hacia en el Hotel Sheraton del Distrito de Convenciones. A cientos de pies de distancia de un hotel franqueado por un bulto de policías con todo su aparato de represión. A cientos de pies de donde regalan el país y niegan nuestras vidas, como si no hubiese nada más que hacer que no fuese aglomerarse a lo lejos para presenciar con la imaginación el atropello conspirado en aquel edificio. Edificio dentro de cual La Junta de Control Fiscal daba sus pésames ante su propio poder y las dolorosas consecuencias que traerá. Y con el gobernador hablando, mientras los ricos (se) almorzaban (el país), de cómo encontró un dinero que no hace falta y por ende se lo regalará a los buitres.

La Jornada se acabaron las promesas se movió hacia el hotel ante aquella distancia abismal que ni representaba la indignación y peso ante la apremiante acción por detener el rumbo que llevamos. Ese acercarse y que más personas, pertenecientes a las bases de esos sindicatos, se acercaran, provocó no solo la esperada apretá de nalgas y disposición a pelear de la policía, sino el terror y disposición a controlar de aquel liderato sindical que imagina de lejos como defenderse sin hacerlo.

‪No me mal entiendan, el día no fue desalentador. El asunto fue ese, aquella intensidad responde a la mezcla de grandes energías, alegrías y esperanzas con la tristeza y la rabia ante la desproporción de la respuesta frente al tamaño de la violencia que nos tiran; como si buscaran la muerte y desecho de miles entre nuestro país.

‪Parecía haber grandes cuotas de frustración con ganas de convertirse en rabia, en indignación en movimiento. Un sentimiento de que es obvio que hay que hacer algo más , pero qué. Al mismo tiempo la noticia sonó de que Oscar venía ese mismo día a Puerto Rico. ¿!COMO¡? Oscar López Rivera en su M(P)atria. Qué alegría. ¿Y ahora? Hay que recibirlo. Demostrar el amor de la justicia tardía en su excarcelacion y el logro colectivo. Vamos, con música, amor, con las emociones y la razón.

‪Pero no. No es recomendable, y la frustración y la rabia vuelven. En mi caso, ya ni siquiera por la demostración tronchada, por la posibilidad negada, sino por lo que hay mas allá incluso que el secuestro de los políticos. Es la acumulación en la piel y el alma del secuestro total, económico, político; el secuestro incluso emocional del poder y violencia colonial que también pretende decirnos, y ejecuta con su poder cómo sentimos, celebramos, nos identificamos colectivamente. Es la rabia que se siente al tener que tramitar ese grado de control y poder total.

‪Es, ya no voluntariamente, tener que convertir el amor en moneda de canje. En moneda de canje por el amor a Oscar, por el amor a nuestra gente.

lado-oscuro-del-corazon
foto tomada de internet

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