a sol y sereno: la promesa de la precariedad en tiempos de crisis

-Grace Blanco

Vivir en Puerto Rico en tiempos de la Junta de Control Fiscal- o mejor conocida como PROMESA, en un juego de palabras cínico y violento- nos augura nuevas precariedades. Las medidas implementadas a través de esta ley representan el instrumento que legaliza su propia ilegalidad, una nueva fase de ocupación colonial que niega la existencia en la medida en que debemos, deshumaniza como estrategia de dominación. Las amenazas a nuestra educación, a nuestra salud, a nuestra vivienda, a nuestra seguridad, a nuestros cuerpos, a nuestra alegría y a nuestra paz, son elpan de cada día de quienes viven las intersecciones de opresión en nuestro país, a quienes se les niega la construcción de un modelo de bienestar real. Entre esos grupos no vulnerables, sino vulnerabilizados, se encuentran las mujeres- así en plural-, cuirs y otras cuerpas. Hace falta ponernos en perspectiva para entender que la lucha contra la deuda y la Junta no se limita al desbarajuste fiscal que nos han vendido los medios corporativos, sino que es una lucha por la dignidad y la vida, por nuestra dignidad y por nuestra vida.

La propia deuda adquiere, en las vidas otras, forma de ausencia y de vacíos –estómagos, alacenas, botiquines, bolsillos- por dar sólo algunos ejemplos que en sí mismos crean ausencias multiplicadoras. Las -cada vez nuevas- políticas neoliberales en la colonia siguen condicionando las cuerpas, el acceso a posibilidades y los espacios de acción de las mujeres y otras alteridades; desembocamos en calles sin salida que abren nuevas formas de resistencias, siempre desde alguna ausencia-o varias.

“Puerto Rico es un país en deuda” es el estribillo amargo que llevamos repitiendo después de cada hambre. Y es que la deuda se ha convertido en esa verdad absoluta por la que debemos sentirnos dispuestas a resignarnos, a delegar nuestro poder, a ser dominadas. Dominadas desde mi casa, desde mi espacio de trabajo, desde mi familia, desde mi caminar por la calle, desde la sala del médico, desde el salón de clases, desde la imposibilidad de asumir poder por las que apuestan cada vez más las medidas de austeridad que nos imponen. Es esa la intersección más violenta, la que ocupa todos los espacios vínculando redes de poder que apuestan a la deuda con mi educación y tu salud.

La Junta asegura un boleto -free for all- para generar políticas que continúen vulnerando a ciertas cuerpas y sosteniendo a otros. “Puerto Rico es un país en deuda”— internalizar este supuesto es legitimar las injusticias que le son inherentes, con reglas, tecnicismos, premisas, practicas sociales y supuestas verdades que cumplen el objetivo de institucionalizar su “derecho” a la dominación. Ellos, quienes emitieron, crearon, defendieron y aún defienden la deuda, han estado conscientes del modelo bajo el que operan. Ellos son el propio modelo, sus privilegios, su irresponsabilidad organizada. El lenguaje que han creado no nos incluye, no sólo confunde con toda intención, sino que se posiciona desde una oda a la razón que se viste de hombre-blanco-heterosexual y dominante. Ese lenguaje crea las condiciones que abonan al pensar que el asunto de la deuda no tiene que ver con nosotras.

Aquí, en esta línea fina de delegar o asumir el quehacer político en nuestras vidas, en el cotidiano, es donde se sostiene ese modelo de dominación en el contexto amplio. También, es ahí donde se nos venden las promesas que sólo se cumplen para otros. Es en esa línea, además, donde se da la resistencia feminista, cuando nos negamos a obedecer las condiciones y la dominación de una deuda que tienen con nosotras. Entonces, se vuelve una guerra entre su visión de bienestar y la nuestra, sus malestares y los nuestros, su vida o la nuestra; la ruptura surge como la salida más evidente y vincularnos, lo más urgente.

La resistencia feminista -en sus multiples formas- pone sobre la mesa no sólo la contradicción del modelo que se nos vende versus el modelo que opera, sino que es una respuesta concreta a la conciliación imposible. Contradicciones que alardean de aumentar la participación de “la mujer” –así en singular- en el gobierno, mientras a todas se nos ha impuesto la nueva materialidad de la relación colonial, una Junta que ahora nos vende y condiciona con la deuda, además de que concentra en sí todos los poderes del Estado. El denominador común es la defensa de su modelo y nuestra precariedad, relación intrínseca que requiere que viremos la copa de una vez y por todas. Este sentimiento de rabia también se cataliza cuando lees, ves, experimentas –día tras día- la rapidez con la que se va moviendo la gestión política de la Junta, como también del gobierno local; todo eso ocurre como parte de la serie de eventos que nos golpean con expectativas de respuestas pacíficas y con la negación del derecho a la protesta.

Entonces respiramos porque llega el 8 de marzo, con una convocatoria internacional para conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora. Tener el 8M como precedente en nuestras experiencias nos habla de las posibilidades de resistencia feminista ante la Junta de Control Fiscal y la deuda. Nos habla de las urgencias de vinculación y de la existencia del poder que -en movimiento– construímos. El 8M levantó la inconformidad de tantas y tantas con las medidas que nos amenazan en los últimos meses y años. También hizo evidente la rabia, el amor, la necesidad de sanarnos y la disposición de accionar desde la incomodidad- asumiendo los riesgos que esto supone. En tempranas horas de la mañana paralizamos el expreso con una energía que nunca encontré cómo describir, de 11am a 12 del mediodía en distintos puntos de la isla muchas hicieron suya la convocatoria de paralización para hablar de nuestras dolencias, vulnerabilidades y apuestas desde la negación a obedecer. La consigna “estamos hartas del sistema- estamos puestas pal problema”, resume ese punto de partida desde el que nos posicionamos.

Entonces, por la línea de generar preguntas como provocación pedagógica de aprendernos en la interacción invito a que nos cuestionemos en primera persona, para que nos demos –principalmente- respuestas realizables desde el yo; que no impliquen recetas de movilización de otras, sino la propia. Que también comiencen a decontruir espacios de privilegios y dominación y a contruir espacios para las otras y las alternas. ¿Dónde estamos y dónde queremos estar? ¿Cómo derroto la idea colonial-capitalista-neoliberal y patriarcal al mismo tiempo que acciono políticamente contra sus intrumentalidades?

Vivir en Puerto Rico en tiempos de la Junta de Control Fiscal requiere de un alto a las promesas, de construcción de nuevas resistencias, ponernos en perspectiva, de cuestionar activamente, de generar política entre y para nosotras. Rechazar las voces que se impongan a las nuestras, asumir nuestras historias y usarlas de espejo con quienes nos rodean, asegurar zonas narrativas con múltiples voces, botar el golpe, sanar, seguir, perder el miedo. Elaborar un discurso que tenga claro señalamientos que adelanten la ruptura de nuestro bienestar sobre el de ellos, que haga de la organización comunitaria la práctica decolonial que genere las transformaciones. Negarnos al rol que nos delegan, a la no-existencia a la que nos han condenado, asumir la voz por quienes con rebeldía nos anteceden, por quienes no han sobrevivido las violencias y hoy no nos acompañan. Somos demasiadas. Entre nosotras, cuando paramos, nos quitamos el miedo; comenzamos a construir las respuestas para enfrentar el dolor del país que queremos revivir a cada intento. Transmitamos los verbos que de una vez y por todas acaben con su credibilidad, rompamos el molde en el que caben las condenadas de la tierra, en resistencia a sol y sereno.

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foto por Grace

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