gritarle al alcalde

-Ariadna Godreau Aubert

En el video se ve clarito. Una mujer entra a un restaurante y le grita a un agresor “agresor”. Horas más tarde, el abogado del alcalde indaga sobre la paz. Algunos medios le hacen coro. A propósito de la tranquilidad, aquí ya nada queda en calma.  Un alcalde que viola es el estado mismo violando. Esto sería un escándalo si no fuera  un lugar común.

El 24 de mayo del 2017, el hasta entonces alcalde de Guaynabo, Héctor O’neill fue suspendido de su cargo. Luego de años de persecución, expropiaciones y vendettas contra comunidades de escasos recursos, al final lo sacaron las mujeres. En este País, somos las mujeres las que provocamos lo que acontece. Y dentro de eso, caben los retornos y también los destierros.  

La mujer está en una tarima. En el fondo hay una foto de una pareja de manifestantes que se besa en el momento de un arresto. Un hombre sirve como barrera entre la mujer y el funcionario público. ¿Qué es lo que se contiene? Reconstruyo el diálogo: -Este es un lugar público- dice el hombre, queriendo decir lo indecible. -Públicas son las plazas y de ahí nos quisieron sacar- responde ella.

La dicotomía de los espacios privados y públicos ha servido para permitir siglos de ocupación y encierro. El acontecer -autorizado- de las mujeres es lo que pasa en la cocina, en la sala, en el cuarto. También es lo que sucede en el asiento trasero de los carros, en los baños de la escuela o del mall, junto al escritorio de los jefes, en la celda de un cuartel o una sala del tribunal.  Lo doméstico es un lugar que crece para no dejarnos salir nunca. Cuando una mujer le grita al alcalde, en cualquier lugar, ante los ojos de miles, rompe el cerco. Sin silencio no habrá paz. Escribe Rebecca Solnit:

“We are volcanoes”, Ursula K le Guin once remarked. “When we women offer our experiences as our truth, as human truth, all the maps change. There are new mountains.” The new voices that are undersea volcanoes erupt in open water, and new islands are born; it’s a furious business and a startling one. The world changes. Silence is what allows people to suffer without recourse, what allows hypocrisies and lies to grow and flourish, crimes to go unpunished. If our voices are essential aspects of our humanity, to be rendered voiceless is to be dehumanized or excluded from one’s humanity. And the history of silence is central to women’s history. […] Violence against women is often against our voices and our stories. It’s a refusal of our voices, and of what a voice means; the right to self-determination, to participation, to consent or dissent, to live and participate, to interpret and narrate”

Una mujer escribe algo como esto: “Si un día veo a (mi) violador en la calle, ¿podría gritarle? ¿Sería distinto si, por ejemplo, va acompañado de su esposa, sus hijas, sus amistades? ¿Qué ocurriría si el encuentro se da a la salida o a la entrada de una iglesia, un concierto, una alcaldía? Si lo que me sucede es que finalmente reconozco el rostro de (mi) segundo violador, ¿podría acercármele, estrecharle la mano como quien dice hola -sin tocarlo- y entonces soltarle este grito seco que tengo en la garganta hace tanto tiempo ya? ¿Cuál es la extensión de aire que es permisible manotear? ¿Es mayor cuando el agresor es propio o el de todas, cuando es de carácter privado o ha sido subvencionado por el erario? ¿es distinto un agresor que dos? ¿es diferente si tocaron a una o se sospecha que somos más o es la autorización proporcional a una somos todas?”

Hay un segundo video, tomado por la prensa. Según el hombre, la mujer que le gritó al alcalde tuvo sus cinco minutos de fama. Cuando busco average duration of rape of sexual assault en Google no sale nada. Me da vergüenza la curiosidad y me la callo. En este otro video se ve el alcalde cuando se va, caminando por la calle. ¿Por la libre?

Sacar al alcalde agresor de su puesto es parte importante del proceso de justicia. Pero es solo eso: parte. Luego de la destitución siguen y seguimos quedando las mujeres. Queda la responsabilidad del Estado y el saldo pendiente del deber fallido. Hay cuentas pendientes: nos deben.  El estado tiene un deber de diligencia para con las mujeres que vivimos, sobrevivimos y resistimos la violencia de género. Ese deber obliga a la investigación exhaustiva, la imposición de un castigo real y contundente, la adopción de mecanismos para prevenir que se repitan casos como ésta, tales como educación, políticas públicas, protección y apoderamiento de las trabajadoras, y más. El estado también está obligado a garantizar que las sobrevivientes reciban reparaciones por los daños sufridos. Y cuando digo daños, me refiero a los físicos y emocionales, a los que suelen escapársele a los discursos de reconciliación y pase de página.  Quedan por reparar los daños quienes por largo tiempo han exigido la renuncia del alcalde mientras la justicia del País se hizo ciega y sorda; de quienes, forzadamente, continuaron pagando el salario de un agresor y violador; de quienes se vieron obligadas a exponer su seguridad en protestas para exigir una vida digna; de quienes – experimentaron la vergüenza compartida cuando las autoridades utilizaban a mujeres policías municipales como barreras entre las manifestantes y la alcaldía – a sabiendas de que entre las agredidas habían compañeras policías y que el Estado se alimenta cuando nos impide forjar solidaridades entre nosotras-.

El proceso apenas comienza. La sanación será un proceso largo. Pero será de las mujeres. Será todo el ruido nuestro o no será. Un grito. Hoy hay una mujer -debo decir que hay varias mujeres- montándose en un avión para salir de Puerto Rico. A las pocas horas se bajará en otro lugar al que llamará casa. La incertidumbre del regreso me parece lo de menos. Me parece terrible no poder dar con una palabra para llamar a una mujer que grita para derrumbar la paz que otros disfrutan a cuesta de nuestros silencios.  Y dice Solnit “[t]he lack of a cateogry means the lack of terms to describe a common phenomenom and thus to recognize its parameters and their commoness. If categories cage, this is a pheonemon overdue for containment.”. Si pudiera llamarla haciéndole honor al acontecer, lo haría gritando “gracias”.  

La Colectiva Feminista en Construcción publicó esta nota, acerca de la liberación más no de la paz.  La asamblea feminista será el próximo 3 de junio.  Estamos hartas. Hay espacio. Habrá mujeres. Habrá ruido. Habrá acontecer.

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tomada de redes, foto de cartel colocado por administración de Abracabra Café ese mismo día.

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