la adicción a los sueños

-Beatriz Llenín Figueroa

No han sido pocos los científicos y los filósofos que han querido convencernos que el animal humano es distinto, y mejor, porque tiene conciencia, porque puede pensarse, pensando.

Pero, ¿de veras podemos lxs humanos conocer plenamente las operaciones de otras formas de vida? ¿Y creer que estas últimas no conocen en absoluto nuestros modos?

¿Podemos pretender que no hay sensibilidad, raciocinio y lenguaje (en una palabra, conciencia) en otras especies? ¿En las ballenas, los delfines, los elefantes, los perros, los simios, las palomas o los coquíes?

Refuto y refutaré siempre la piedra de toque del humanismo clásico porque no es posible vida en común sin opacidad y misterio. Y sin respetarlos.

Refuto y refutaré siempre la piedra de toque del humanismo clásico porque la especie humana no ha podido demostrar la deseabilidad histórica, y mucho menos geológica, de su conciencia. Por el contrario, durante su brevísima existencia en el planeta, se ha decantado sobradas veces por las pesadillas de la destrucción propia y ajena, no importa todo cuanto piense.

Más que la conciencia, me encandila la adicción a los sueños. Y la convicción que, puesto que ni lo sé ni lo puedo saber, es preferible apostar a lo igual o más que yo, que a lo menos: así, creo que toda especie vive y muere porque sueña, porque anhela. La diferencia entre las especies no es metafísica, sino material: el sueño será distinto en función de las condiciones en las que se alimenta y de quién o qué se abroga el ilegítimo poder de controlarlas.

En la plaza de Mayagüez, la noche del 9 de junio, se soñó un archipiélago. Una experimentada combatiente del oeste –de esas que ponen su cuerpo dondequiera que hay sueño– fue co-organizadora de “Defendamos la alegría,” evento inspirado en el poema de Benedetti. Hacia el final de la noche, me comentó que el encuentro era resultado de la organización sin caciques. Y tras una ínfima pausa: ni cacicas.

Quería decir, la belleza del evento producido por muchas, muchas manos. Quería decir, la diversidad de alegrías celebradas. Quería decir, la conmoción de gente de tantos mundos paralelos conectada y transformada por el sueño de otro país. Quería decir, las caritas pintadas de lxs niñxs, junto a las artesanías, la poesía abierta, la música, los perros y sus acompañantes, el arte en el piso frente a la estatua del genocida Colón. Quería decir, las barrileras de Mayagüez y su son de tambores ancestrales que colman tantos pasados de sueño en un presente siempre común. Quería decir, tanta gente joven con tanta gente vieja, tanta gente a la intemperie con tanta gente al resguardo de una casa. Quería decir, la adicción a un sueño de libertad, a pesar de la humanidad y de su historia.

Imagen_La adicción a los sueños
foto por Bea

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